Sri Lanka adolescente

Sri Lanka adolescente

5 de diciembre 2019. Autor: Jesús del Caso

Sri Lanka tiene ese rollito isleño y despreocupado…. Así comienza el primer episodio de la serie DESCUBRIR, acompañado de un famoso ritmo caribeño: Ayubowan means… Welcome in Sinhalese… Y así es: Ayubowan significa “bienvenido” en la melódica lengua cingalesa. Es una palabra exótica y fácil, redonda y suave… igual que Sri Lanka… 

Este país se suele vender como un destino fácil y amable, como aperitivo o introducción de lo oriental; y, sin dejar de ser un poco cierto, no es menos verdad que la antigua Ceilán es un destino pleno, donde el viajero puede encontrar atractivos suficientes para justificar su predilección por este rinconcito del mundo. 

Llegamos a Sri Lanka por imperativo profesional más que por capricho y eso me roba el tesoro de la imagen clave. Me explico, porque de aquí en adelante lo utilizaré mucho: casi siempre que tenemos un destino en mente, lo tenemos asociado a una imagen que nos conmociona, que nos mueve y nos impulsa inexorablemente hacia él. La imagen clave se genera en algún momento a veces en extremo pretérito, otras algo más reciente; pero surge siempre cuando menos te lo esperas: una secuencia, un solo plano de un documental de viajes, una foto, una imagen de postal o cualquier folleto… El caso es que las circunstancias se van difuminando en el tiempo y la imagen queda, indeleble, en algún rincón de la conciencia. Cuando esa imagen clave viene de lejos, ya es toda una bola de nieve que arrastra consigo otros cientos de imágenes o referencias acumulados, ahora parece que todo nos arrastra allí, sí; pero en el principio solo estaba ella.

Pues bien, explicado el tema de la Imagen clave os puedo asegurar que no tenía una cuando viajé a Sri Lanka, pero me volví con ella y eso no es tan fácil de generar a posteriori, cuando la realidad pura y dura desnuda esos andurriales nuestros tan idealizados.  Mi imagen clave es la imagen que acompaña estas líneas. Y claro, necesita su explicación. Fijaos atentamente y frotaos los ojos. Ni elefantes, ni budas dorados ni playas paradisiacas: cinco jóvenes enfermeras descansan en el centro de Kandy. Sin más. O con todo ello, porque para mí justifica y condensa el atractivo esencial de Sri Lanka: la candidez; o la apariencia y actitud colectiva que en pleno siglo XXI más se le pueda parecer. La imagen es oro puro para los que, como yo, gustan de atesorar momentos referenciales, simbólicos, cazados casi como al descuido en rutas no oficiales o momentos no indicados. 

Fijaos: el uniforme de las chicas, tan inmaculadamente blanco, el tamaño de los cuellos, las medias altas, la cofia, la falda escrupulosamente cortada a dos dedos por debajo de la rodilla… ¿no os trasporta un poco a la primera mitad del s. XX? Por si fuera poco, la actitud de las chicas al verse “en cámara” es de lo más delicioso para los coleccionistas de momentos: La chica de la izquierda se desentiende, la siguiente disimula a duras penas su incomodidad. La del extremo derecho sonríe divertida a la cámara. A la que está a su lado parece divertirle más la actitud de su compañera que la propia situación y la del centro… La chica central busca su hueco y se debate entre posar y no posar, mira a ambos lados y no halla respuesta. Imposible decidirse, se sigue debatiendo, físicamente incluso, se balancea, algún gesto muy sutil con los brazos, busca el equilibrio perfecto y, por fin, mira a cámara, sin sonreír, sin jugar, siendo ella, esa infinita, profunda y oscura mirada cingalesa, que pasea por delante del objetivo antes de buscar su sitio, de hacerse el hueco y bajar la mirada ante las demás, como en penitencia, quizás, por su atrevimiento. Esa curiosidad, ese juego, ese debate entre la osadía y la pulcra observancia de la moralidad está en el aire, se percibe en cada rincón de Sri Lanka. Sus templos sus ciudades milenarias o sus fortalezas en la cima de una roca no alcanzan ni de lejos a velar su espíritu, netamente adolescente.

Viajar a Sri Lanka es viajar a una tierra en diferido, a un mundo que desaparece, a una sociedad que fue y parece que no hubiera existido, la que nuestros abuelos recuerdan con orgullo y con nostalgia. Este mundo nuestro del 2019 se desenfrena y se nos va de las manos mientras la esencia cingalesa sigue ahí, intacta como en los años 50. Sri Lanka es sana y es humilde y te da en las narices con toda su autenticidad a las primeras de cambio. Sri Lanka no tarda en doblegarte con gestos sinceros, en desarmarte con sonrisas amplias, con miradas y con palabras que estarían casi fuera de lugar viniendo de un desconocido. Pero quizá la clave este en eso: que puede que seas un desconocido, pero nadie te trata como a un extraño. Los cingaleses hablan con el viajero, le tienden la mano, le piden la foto y miran al objetivo desinhibidos, como si fuera parte de un juego hermoso y, curiosamente, no todavía, o no lo suficientemente, manido. Ver para creer.

Por supuesto el turismo, superadas revueltas y guerras, ha llegado a Sri Lanka para quedarse. 

Ningún tsunami ni ningún atentado podrán parar el desarrollo del sector en la isla. Le sobran atractivos y los locales son sumamente profesionales, en general, para con el turista.  No es de extrañar que en unos años se edifiquen decenas de hoteles que den al traste con esa bendita inocencia en aras del desarrollo económico, pero esperamos que las cosas, ya que se hacen en los tiempos del viajar sostenible y responsable, se hagan bien, o, por lo menos, lo mejor que se puedan hacer.

Por lo demás, templos magníficos, incluso muy particulares. El famoso triángulo cultural alberga restos milenarios de antiguas civilizaciones y la ciudad continuamente habitada más antigua del mundo. Las cuevas de Dambulla os sobrecogerán por su ubicación increíble y su no-se-qué de sagrado submundo lleno de Budas. Sigiriya es quizá uno de los emplazamientos más increíbles del planeta y atisbar lo que llegó a ser en su apogeo roza lo surrealista. No olvidemos sus parques naturales, por los que hacer un safari en busca de elefantes y leopardos; y recorrer en tren las tierras altas, que te llevará a mundo verde, nebuloso y místico en el corazón de la isla. En la costa encontraremos playas increíbles, ciudades coloniales y pueblitos de pescadores. Recordad: todo pleno, redondo y suave… Sazónese al gusto con una gastronomía exquisita, basada en combinaciones milimétricamente bien pensadas de frutas, verduras y especias y se obtendrá un fantástico destino que descubrir.

Ojo, sin perder de vista que Sri Lanka, como todo adolescente, es una curiosa mezcla de sensaciones, vital, deliciosa y absolutamente imprevisible.