Vietnam y su gente

Vietnam y su gente

2 de marzo de 2020. Autora: Mireia Puntí

Vietnam es un destino exótico y diverso que te permite realizar un interesante reportaje con fotografía de paisaje, de arquitectura, nocturna, de fauna, de calle... Pero sin duda alguna, lo que más recordarás de este viaje son las personas. Por eso quiero hablarte sobre cómo fotografiarlas.

En nuestro viaje fotográfico a Vietnam tendremos numerosas oportunidades de fotografiar a los vietnamitas: comerciando en el mercado flotante del río Mekong, comiendo en las calles de las ajetreadas ciudades, rodeados de lámparas de seda de colores, rezando en los templos, remando entre los islotes kársticos de la Bahía de Halong…

Para mí la zona más especial es la región de Sapa, al noroeste del país, donde habitan  las etnias más antiguas de Vietnam, que hoy en día siguen viviendo de un modo ancestral. Construyen sus propias casas con madera y bambú, tejen sus ropas y cultivan sus alimentos.

Para tener una experiencia más cercana a este mundo rural, hacemos un trekking con un guía local. Recorremos el valle caminando entre arrozales, cruzamos pequeñas aldeas y contactamos con los lugareños. Por la noche dormimos en una casa de una familia para poder profundizar en su cultura. El hecho de alojarnos así facilita el poder realizar fotos de sus quehaceres cotidianos, porque hay confianza.

La gente es amabilísima, y no se opondrá a que la fotografiemos, pero aun así hay que pedir permiso. Eso no significa que la persona pose de manera artificial. Aunque es probable que en la primera foto haga el signo de victoria, una vez ya tenemos su consentimiento, podemos esperara un rato y hacerle alguna una foto más cuando vuelva a hacer lo que estaba haciendo antes. Personalmente, me gusta que los retratos de viaje sean naturales, y que mi presencia altere lo mínimo posible la escena. 

En cuanto a consideraciones técnicas, si buscamos un primerísimo plano, mejor utilizar un teleobjetivo para no deformar el rostro y para que no tengamos que ponerle la óptica en las narices literalmente, que eso incomoda a cualquiera. 

Si el fondo aporta información, mejor contextualizar el retrato utilizando una distancia focal angular, como un 35mm e incluir este fondo en el encuadre. El enfoque lo pondremos en los ojos, ya que son la zona que captará nuestra atención en el retrato. 

Hay que  vigilar el fondo. Un mal fondo estropea la imagen, por muy bonita que sea la escena del primer plano. La fotografía tiene dos dimensiones, por tanto los planos se juntan. Cuidado que no haya nada detrás que “pinche” a la persona, como una farola, aunque esté lejos, o algo que quede justo encima suyo, como una lámpara varios metros más atrás que parece un tocado en la cabeza del sujeto. 

Cuando el fondo no sea interesante, abriremos el diafragma para que quede desenfocado y/o utilizaremos tele, ya que con el teleobjetivo es más fácil conseguir un fondo desenfocado. 

Resulta práctico disparar con ráfaga para asegurarte que en alguna de los fotos la persona salga con los ojos abiertos, siempre y cuando la puedas poner en silencio. De no ser así, el ruido de la ráfaga puede incomodar y ser contraproducente. Al fin y al cabo, lo más importante al fotografiar personas es que estén cómodas contigo. Para conseguirlo va bien entablar una conversación o mostrar interés por lo que está haciendo. Romper el hielo de alguna manera, para que la foto surja de forma natural y sea una experiencia agradable para ambos. 

Como fotógrafos y viajeros debemos causar el mínimo impacto posible, pero si lo causamos, que sea positivo.